El sábado que pasó, fuimos con my César a dar una vuelta a la feria de El Belloto como nos es costumbre. Ya casi terminábamos nuestro recorrido entre miles de cachureos, cuando una señora en uno de los puestos nos ofrece (en términos de ruego) un pequeño gatito negro que tenía en sus brazos. Lo había encontrado hace un rato prácticamente en la basura y le había comprado alimento, pero a pesar de su gran compasión por el pobresito animal, no podía llevárselo a la casa donde vivía, pues estaba de allegada. Como sabrán, amo con locura los gatos, son mi animal favorito forever sobre la faz de esta tierra, pero lamentablemente no cuento con permiso para llevar animales a mi casa porque a mi padre no le gustan (¬¬). Mala suerte la mía. Ni siquiera mis múltiples alergias me serían un obstáculo con tal de llevar a vivir un gatito conmigo. Todos estos pensamientos pasaban por mi cabeza mientras hablábamos con la señora y yo trataba de explicarle que no podía llevarlo y bla bla bla hasta que my César, en un acto de completa impulsividad y de buen corazón, le aceptó el bendito gato. Y nos fuimos. Yo asustada sintiendo el peso de una responsabilidad que no me sentía capaz de asumir, porque tampoco era de que el gato se iba a quedar a vivir con my César, no no no, él ya tiene 1 perro y 1 gato, ya no entran más animales en su casa. Sin embargo ese día lo llevamos, lo bañamos, le dimos leche, abrigo y lo regaloneamos toda la tarde, porque para mi felicidad presente y posterior sufrimiento, este gató resultó el más tierno y regalón que me ha tocado ver en mis afortunados 22 años de vida. Una delicia total. Lo quería, para mí, para siempre, now! Y lo intenté, traté de que me lo aceptaran en mi casa, pero los resultados no fueron los que yo esperaba. Desilusionada y triste, ayudé a my César en la búsqueda de hogar para el precioso gatito, y gracias a Dios resultó que mi mejor amiga y compañera de universidad, la Carloncha (sí, somos tocayas) y su familia, estaban dispuestos a aceptar al gatito con los brazos abiertos. Final feliz, gatito recogido de la calle con pocas chances de sobrevivir, ahora tiene casita y una linda familia que lo quiere, con amiga incluida que lo irá a visitar para hacerle cariñito, porque debo reconocer que me enamoré de esa cosita tan tierna, dócil e inocente. Estoy muy, muy contenta de saber que va a recibir y entregar mucho cariño en su nuevo hogar.
Durmiendo en mis piernas después de jugar.
La Carloncha y yo hoy, en la entrega del gatito.
Carlonchi con su hermana y en sus brazos el gatito hecho lulo.
Cariños mis queridas bloggers, hace tiempo que no actualizaba, pero siempre estuve visitando sus blogs para estar al día. Espero poder aparecer más seguido por aquí!
Carlii *






















